Cynthia César de la Cruz
Blog personal. Desarrollo de actividades, investigaciones, recursos personales rumbo a la preparación para la carrera de Licenciatura en Nutrición aplicada en la UnADM
domingo, 10 de junio de 2018
jueves, 7 de junio de 2018
S8. Actividad 1 Integración y redacción del informe final
Descargar para usar índice dinámico
https://drive.google.com/file/d/1-UyHwp4dG2rS8ooQ085MgRbnCk4B9OA4/view?usp=sharingmiércoles, 30 de mayo de 2018
S7. Actividad 1. Análisis de datos recabados
Indicaciones
- Lee con atención el reto de "Pamela y sus amigos".
- Realiza una segunda lectura, pero ahora vayamos más allá de la información que tenemos a simple vista y leamos entre líneas para hacer inferencias, en donde establezcamos relaciones entre los datos, a fin de arribar a conclusiones.
- Ingresa al cuestionario y da respuesta; considera que el reto es convergente y tiene una solución única.
- Finalmente, describe cómo relacionaste los datos presentados para llegar al resultado.
1. Para llegar a la conclusión leí tres veces el escrito.
2. Separé primero en listas nombres, apellidos y alimentos (clasifiqué la información).
3. Fui excluyendo y relacionando los tres elementos
4. Hasta que por deducción propuse mi respuestas en un cuaderno en donde anoté las relaciones que hice, como sigue:
Fernando Ríos llevará ravioles
Pamela Barrios llevará ensalada
Tina Vargas llevará estofado
Diego Rodríguez llevará pastel
viernes, 25 de mayo de 2018
S6. Actividad 2 Planeación y aplicación de entrevista
Formato de entrevista semiestructurada
Registro en papel de la entrevista realizada a la Lic. Nancy R. Responsable del departamento de psicopedagogía del Instituto (no se nos permitió grabar la entrevista ni en audio ni video).
La entrevista se llevó a
cabo en el Instituto La Paz en el área de psicopedagogía, la Lic. Nancy Ramírez
nos cedió unos minutos de su tiempo para hablar sobre el sobrepeso y la
obesidad en su comunidad estudiantil, de manera específica con niños de primaria.
En primer lugar se le
agradeció por permitir la presente entrevista.
Se le preguntó ¿cómo ha
actuado la comunidad educativa respecto a la recomendación realizada a las
escuelas desde 2011 para regular el acceso a alimentos de baja calidad, lo cual
se hizo oficial hasta mayo del 2014?
Nancy nos comentó que al
principio se vendían más productos y cuando se dio la recomendación esto
cambió, señaló que definitivamente eliminaron de la cooperativa escolar los
refrescos y se implementó la venta de semillas, frutas por pieza como plátanos
y manzanas, verduras como pepino, respecto a las frituras estas fueron
sustituidas por papas deshidratadas, en cuanto a galletas, estas son integrales
y los dulces que se llegan a vender son pequeños.
Respecto al lunch que los
niños llevan de casa, nos comentó que desafortunadamente muchas veces los niños
llevan lunch inadecuados o en cantidades mínimas, nos relató que han llegado a
observar pequeños que llevan únicamente una Coca-cola de 600 mil o un bolillo prácticamente
vacío, los niños que llevan este tipo de alimento generalmente mantienen esta
conducta todo el año por lo que las maestras muchas veces son quienes dan una
porción de su lunch a estos niños.
Acerca de la prevención
del sobre peso y la obesidad en el colegio se cuenta con la participación de
una nutrióloga quien asiste periódicamente a dar conferencias.
Sobre los horarios para
que los niños puedan tener acceso a los alimentos en el colegio se tienen recesos
de manera escalonada de 9:20 en adelante dependiendo del grado al que
correspondan.
En materia de educación
la Lic. Norma R. nos explicó a los niños
se les enseña el plato del buen comer en la materia de ciencias naturales.
Sobre actividad
física se trabaja una vez a la semana con diversos materiales y dirigido al
acondicionamiento físico, sin embargo además cuentan con opciones
extracurriculares cono basquetbol, voleibol, porras.
En todo momento
se mostró apertura por parte de la Lic. Nancy R. a participar en posteriores
evaluaciones que permitan obtener datos de la situación con los menores; ya que
hasta ese momento no se habían realizado.
Acerca del
tiempo que los menores hacen uso recreativo de tablets, celulares, videojuegos
y televisión, la Lic. Norma R. comentó que si se han realizado encuestas al
respecto, sin embargo dijo no tener certeza sobre qué resultados arrojó dicho
estudio que se efectuó por la comunidad estudiantil para ferias de ciencias.
La Lic. Nancy R.
agrego que dentro de la comunidad escolar se tiene reportado que hay “varios
casos” de diabetes.
Quedó abierta la
invitación a seguir trabajando en pro de la comunidad estudiantil de éste
colegio. Cabe señalar que están comprometidos con el cambio de hábitos
alimenticios de su comunidad, así como con fomentar la práctica de conductas en
pro de una salud integral para los menores.
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sábado, 19 de mayo de 2018
Sobrepeso y Obesidad infantil en niños de edad escolar su relación con el estilo de vida en la Ciudad de México.
César
de la Cruz Cynthia
Antecedentes
En
la actualidad los términos de sobrepeso y obesidad se emplean como sinónimos,
sin embargo, el sobrepeso se refiere a un exceso de peso corporal comparado con
la talla, mientras que la obesidad se refiere a un exceso de grasa corporal. La
obesidad puede definirse como aquella condición caracterizada por la
acumulación excesiva de grasa corporal, como consecuencia de un ingreso
calórico superior al gasto energético diario del individuo. Actualmente es la
pandemia no transmisible mayormente distribuida del mundo (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E.,
Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Se
ha definido a la obesidad como una enfermedad crónica, compleja y
multifactorial que suele iniciarse en la infancia o la adolescencia teniendo su
origen en una interacción genética y ambiental, siendo más importante la parte
ambiental o conductual, que se establece por un desequilibrio entre la ingesta
y el gasto energético diario. Esta enfermedad se caracteriza por una excesiva
acumulación de grasa y se manifiesta por un exceso de peso y volumen corporal (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E.,
Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
De
acuerdo con la OMS el Índice de Masa Corporal (IMC) definido como el peso en
kilogramos de un sujeto, dividido por el cuadrado de la altura en metros (Kg/m2),
es empleado para evaluar el sobre peso y la obesidad de un individuo, si un IMC
está por arriba de 25 Kg/m2 es interpretado como sobrepeso y por
encima de 30 Kg/m2 se cataloga como obesidad (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E.,
Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Cabe
señalar que la obesidad está asociada con significativos problemas de salud en
la infancia, es un factor de riesgo de relevancia temprana en gran parte de la
morbilidad y mortalidad del adulto. Los problemas médicos comunes en niños y
adolescentes obesos pueden afectar la salud cardiovascular produciendo
hipercolesterolemia, diabetes tipo 2, dislipidemia e hipertensión, provocando
además a nivel psicológico depresión y baja autoestima (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R.,
García-Rodríguez, R.V., et.al 2013). Por lo anterior cabe señalar que la
nutrición está pasando al primer plano como un determinante importante de
enfermedades crónicas que puede ser modificado, la evidencia científica muestra
que el tipo de dieta tiene una gran influencia, tanto positiva como negativa, en
la salud a lo largo de la vida. Lo que es más importante, los ajustes
alimentarios no sólo influyen en la salud del momento sino que pueden
determinar que un individuo padezca o no enfermedades posteriores de la vida.
Sin embargo, estas ideas no han llevado a modificar las políticas o la
práctica. En muchos países en desarrollo, las políticas alimentarias siguen
concentrándose sólo en la desnutrición y no consideran la prevención de las
enfermedades crónicas (OMS, 2003).
Los
alimentos y los productos alimenticios se han convertido en productos básicos
fabricados y comercializados en un mercado que se ha ampliado desde una base
esencialmente local a otra cada vez más mundial. Los cambios de la economía
alimentaria mundial se han reflejado en los hábitos alimentarios; por ejemplo,
hay mayor consumo de alimentos muy energéticos con alto contenido de grasas, en
particular grasas saturadas, y bajos en carbohidratos no refinados. Estas
características se combinan con la disminución del gasto energético que
conlleva un modo de vida sedentario: transporte motorizado, aparatos que
ahorran trabajo en el hogar, disminución gradual de las tareas manuales
físicamente exigentes en el trabajo, y dedicación preferente del tiempo de ocio
a pasatiempos que no exigen esfuerzo físico (OMS, 2003).
La globalización y
las políticas neoliberales han propiciado el intercambio de productos de
diferentes lugares del planeta generando el hábito de consumo, sobre todo de productos
industrializados en todos los grupos sociales, aún en los más apartados de la
llamada “civilización occidental”. Aunado a ello ha propiciado el
empobrecimiento de grandes sectores de la población, haciendo inalcanzable los
artículos de consumo básico, incluyendo la alimentación. Estas tendencias se
han dado de igual forma en el medio rural y el urbano, siendo más marcadas en
éste último, sobre todo en los estratos sociales con ingresos medios y altos
por lo que la población ha visto como un ejemplo a seguir la dieta de los
países industrializados en la que predominan los alimentos muy refinados, con
alto contenido de energía, proteínas, hidratos de carbono simples, grasas
saturadas, colesterol y pobres en fibra dietética (Servín Rodas, M. 2013).
Ahora se sabe que la
dieta mexicana promedio es equilibrada y valiosa y más recomendable que la de
los países con gran desarrollo industrial, siempre y cuando se dé en
condiciones de suficiencia y diversidad, es decir una alimentación con
predominio de cereales integrales y leguminosas, con abundancia y variedad de
frutas y vegetales y la adición de pequeñas cantidades de alimentos de origen animal,
como ocurre en la dieta tradicional mexicana. En la actualidad, se puede
observar esta tendencia hacia el fomento de este tipo de alimentación en los
países industrializados, ya que a través de los años han comprobado que es
saludable (Servín Rodas, M. 2013).
Sin embargo
actualmente en nuestro país el consumo de alimentos se ha diferenciado por
dietas altamente procesadas, sin componentes naturales y muy bajas en frutas y
verduras. Por ejemplo, a nivel nacional sólo 3 de cada 10 niños mexicanos
cumplen con las recomendaciones de consumo de frutas y verduras, mientras que
en una muestra urbana nacional, el consumo de alimentos altos en calorías como
pastelillos, botanas y bebidas azucaradas ocuparon un alto porcentaje del
requerimiento diario de los menores.
Prevalencia
De
acuerdo con la OMS, existen en el mundo más de 1000 millones de adultos con
problemas de sobrepeso y al menos 300 millones son clínicamente obesos. De
manera inicial este problema era preponderantemente asociado a los países
desarrollados, sin embargo ahora sabemos que también afecta a países con menor
desarrollo socioeconómico. La obesidad y el sobrepeso suponen el mayor riesgo para
las enfermedades crónicas, como: diabetes tipo II, enfermedades
cardiovasculares, hipertensión y ciertas formas de cáncer. De acuerdo a las
estadísticas, cada año mueren alrededor de 2,6 millones de personas a causa de
enfermedades relacionadas directamente con la obesidad. El 65% de la población
mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad causan más muertes que
la desnutrición. Así mismo causa el 44% de los casos mundiales de diabetes, el
23% de cardiopatías y el 7% de algunos cánceres son atribuidos al exceso de
peso (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E.,
Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
En 1988 se realizó la
primera encuesta de nutrición con cobertura nacional y diseño probabilístico en
México, encuesta que reveló la existencia de elevadas prevalencias de
desnutrición aguda y de desnutrición crónica en niños menores de cinco años, de
una gran inequidad en el estado nutricional de la población entre regiones,
zonas urbanas y rurales y categorías de condiciones de bienestar, y de dietas
deficientes en varios micronutrimentos tanto en niños como en mujeres (Gutiérrez,
JP, et al. 2012).
Once años después de
la primera encuesta, en 1999, el INSP realizó la segunda encuesta nacional
probabilística, en la cual se obtuvo por primera vez información sobre la
prevalencia de anemia y deficiencias de micronutrimentos en una muestra
probabilística de niños menores de 12 años. Los resultados mostraron una
disminución marcada de la desnutrición aguda en niños y mujeres y una reducción
de la desnutrición crónica inferior a la lograda por países de ingresos
similares. Los resultados sobre desnutrición situaron a la prevención y control
de la desnutrición crónica, la anemia y las deficiencias de micronutrimentos
como metas prioritarias en las agendas de los programas de salud, nutrición y
desarrollo social. Uno de los resultados más sorprendentes de la encuesta de
1999 fue el descubrimiento de una verdadera epidemia de obesidad en las mujeres
adultas (Gutiérrez, JP, et al. 2012).
La ENSANUT 2006
aumentó su cobertura para lograr la representatividad no solamente de los
ámbitos nacionales, regionales y de zonas urbanas y rurales, sino también de
las entidades federativas, lo que significó un extraordinario esfuerzo
logístico. Los resultados sobre nutrición incluyeron a la totalidad de los
grupos de edad, lo cual se tradujo en la inclusión de los adolescentes y
adultos de sexo masculino y las personas de la tercera edad. pública, se
observó desnutrición crónica en la población indígena y en el sur rural y la
anemia en niños, mujeres y personas de la tercera edad (Gutiérrez, JP, et al. 2012).
En la ENSANUT 2012
Al realizar una
comparación de las encuestas a lo largo del tiempo, se mostró una desaceleración
de la tendencia al alza en la prevalencia de peso excesivo (sobrepeso y
obesidad) en niños y adolescentes. Este hallazgo es de gran relevancia debido a
que las encuestas previas indicaban prevalencias altas y crecientes de este
problema a edades cada vez más tempranas. Esta tendencia es importante porque
la obesidad repercute de manera importante en la salud y el desempeño a lo
largo del curso de la vida. Una tercera parte de la población entre 5 y 11 años
de edad en el país presenta exceso de peso corporal (sobrepeso más obesidad) y
esto persiste como un gran reto de salud. No se observó un aumento importante
en la prevalencia a partir de 2006, sin embargo, la cifra continúa siendo
inaceptablemente elevada (Gutiérrez, JP, et al. 2012).
En
México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición menciona una prevalencia de
sobrepeso más obesidad en niños menores de cinco años del 9,7 % en 2012, 1,4
puntos porcentuales más con respecto a la encuesta anterior realizada en el año
2006, donde el valor alcanzaba 8,3 %. Respecto al grupo de infantes en edad
escolar, de entre 5 y 11 años, se observó que la prevalencia combinada de
sobrepeso y obesidad fue de 34,4 % en ambos sexos, 1,1 % menos que en 2006.
Siendo uno de los países con mayor sobrepeso y obesidad en el mundo. A nivel
mundial en 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de 5 años tenían
sobrepeso, representando un problema de gran importancia en Salud Pública;
implicando diversas enfermedades, problemas físicos y consecuencias
psicológicas (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R.,
García-Rodríguez, R.V., et.al 2013). En muchos estudios de casos, repetidamente
se han identificado trastornos depresivos, ansiosos, insatisfacción con su
imagen corporal y baja autoestima en niños obesos. Esta frecuencia es superior
en chicas que en chicos y se incrementa con la edad (Mercado, P. & Vilchis,
G. 2013).
Figura 1. Porcentaje de sobre peso y obesidad
comparativa entre ENSANUT 2006 y 2012 (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E.,
Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Este
problema se ha convertido en una pandemia, México se encuentra entre los países
con más alta prevalencia de sobrepeso en niños. Se estima que en el país entre
un 10 y 20% de estos padecimientos se dan en la infancia, de 30 a 40% en la
adolescencia y hasta de un 60 a 70% en los adultos. Las estadísticas han
indicado que en los últimos diez años una tercera parte de la población entre 5
y 11 años de edad en el país presenta exceso de peso corporal (sobrepeso más
obesidad) lo cual representa un gran reto en materia de salud; niños varones
presentan una prevalencia de obesidad del 36,9%, mientras que en las niñas se
muestra en un 32%(Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez,
E., Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
En
cuanto a la biología del ser humano existe una tendencia en el incremento del
tamaño, conforme los niños van creciendo de igual manera van ganando peso. A
los cuatro meses de edad se tiene gran cantidad de grasa, la cual que disminuye
de forma constante entre los 2 y 6 años. No obstante, en los casos en los que
un niño es obeso entre los seis meses y siete años de edad, la probabilidad de
que siga siendo obeso en la edad adulta es del 40%. Si un niño es obeso entre
los 10 y 13 años, las probabilidades aumentan a un 70%. Esto se explica porque
los adipocitos, se multiplican en esta etapa de la vida, por lo cual aumenta la
posibilidad del niño de ser obeso cuando sea adulto (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R.,
García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Sin embargo la
alentadora detención en el aumento de las prevalencias de obesidad en escolares
en México, coincide con observaciones recientes en diversos grupos de edad en
otros países. Existen distintas explicaciones posibles para este fenómeno: a) existe
un porcentaje poblacional con alta susceptibilidad a desarrollar peso excesivo
por razones genéticas que constituye el techo en la prevalencia, al que se está
llegando ya en ciertas poblaciones; b) se
han modificado los factores de riesgo (ingestión de energía o actividad
física) como resultado de acciones gubernamentales de regulación o de
educación, c)el aumento en la conciencia colectiva o en ciertos grupos sociales
sobre los efectos adversos de la obesidad o en las normas sociales como
resultado de la socialización del problema mediante medios masivos de difusión
o de campañas colectivas de concientización y educación (Gutiérrez, JP, et al. 2012).
La
obesidad infantil es epidémica en países como Grecia, Estados Unidos, México,
Italia y Nueva Zelanda y está en aumento en otros; se estima que globalmente,
22 millones de niños menores de cinco años presentan sobrepeso. La prevalencia
de obesidad infantil está aumentando de manera alarmante tanto en países
desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo.
Se
ha previsto que para 2020 las enfermedades crónicas representarán casi las tres
cuartas partes del total de defunciones, y el 71% de las defunciones por cardiopatía
isquémica, el 75% de las defunciones por accidentes cerebrovasculares y el 70%
de las defunciones por diabetes ocurrirán en los países en desarrollo. El
número de personas con diabetes en el mundo en desarrollo se multiplicará por
más de 2,5 y pasará de 84 millones en 1995 a 228 millones en 2025. A nivel
mundial, el 60% de la carga de enfermedades crónicas corresponderá a los países
en desarrollo. De hecho, aun ahora las enfermedades cardiovasculares son más
numerosas en la India y China que en el conjunto de todos los países
económicamente desarrollados. En cuanto al sobrepeso y la obesidad, no sólo la
prevalencia actual ha alcanzado niveles sin precedentes, sino que la tasa de
aumento anual es sustancial en la mayoría de las regiones en desarrollo. Las
implicaciones de este fenómeno para la salud pública son tremendas y ya están
resultando evidentes (OMS, 2003). La etiología de la obesidad se relaciona con
la occidentalización en los hábitos alimentarios y el sedentarismo
Bases teóricas
Mientras
que la edad, el sexo y la vulnerabilidad genética son elementos no
modificables, gran parte de los riesgos asociados a la edad y el sexo pueden
ser aminorados. Tales riesgos incluyen factores conductuales (régimen
alimentario, inactividad física, consumo de tabaco y consumo de alcohol),
factores biológicos (dislipidemia, hipertensión, sobrepeso e hiperinsulinemia) y,
por último, factores sociales, que abarcan una compleja combinación de
parámetros socioeconómicos, culturales y otros elementos del entorno que
interactúan entre sí (OMS, 2003).
Factores asociados al
sobrepeso y obesidad
El
sobrepeso y la obesidad no tienen una causa única, dependen de diversos
factores que promuevan la sobre ingesta de alimento a nivel de sistema nervioso
central así como también del almacenaje excesivo de ciertos componentes como el
tejido adiposo, que son relacionados con anomalías periféricas asociadas tanto
a variaciones en receptores específicos hasta la secreción de sustancias por
dicho tejido (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R.,
García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Uno
de los factores adquiridos que tienen mayor importancia son el lugar de
nacimiento y residencia de la población, ya que es conocido que la prevalencia
de esta enfermedad es mayor en países occidentales, y esto está íntimamente
ligado a los hábitos alimenticios propios de cada país. Adicionalmente, existen
factores ambientales que varían, dependiendo el nivel de industrialización e
incluso dentro de un mismo país, el ambiente urbanizado tiende a tener mayores
implicaciones en el desarrollo de este padecimiento comparado con el medio
rural, debido a mayores niveles de estrés (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez,
E., Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Otro
punto importante a señalar son las dietas actuales son ricas en alto contenido
de grasas, carbohidratos y bajas en fibra, esto asociado con el alto nivel de
sedentarismo, que predispone a la población a desarrollar dicha patología. En
la actualidad los niños y adolescentes sustituyen actividades físicas por ver
televisión, jugar videojuegos, hacer uso de medios electrónicos, navegar en
Internet, interactuar en redes sociales entre otras. Por lo que la alta ingesta
de calorías en comparación con la baja energía gastada en niños y adolescentes
con conducta sedentaria, explica porque estos factores antes mencionados están
relacionados (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R.,
García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
En
la ENSANUT 2012 se obtuvo información de 3 399 niños y adolescentes de entre 5
y 11 años, 58.6% de los encuestados afirmaron no haber realizado ninguna
actividad a nivel competitivo durante los últimos 12 meses previos a la
encuesta. Dentro de las actividades más frecuentemente reportadas se
encontraron el fútbol soccer, más común en niños que en niñas, seguido de
básquetbol, voleibol y carrera. La actividad organizada más frecuente en niñas
fue el básquetbol. Únicamente 33% de los niños refirió haber cumplido con la
recomendación de pasar dos horas diarias o menos frente a una pantalla,
mientras que 39.3% dedicó más de dos y menos de cuatro horas diarias y 27.7%
cuatro o más horas diarias en esta actividad sedentaria. La prevalencia de dos
horas diarias o menos frente a una pantalla fue significativamente mayor en las
localidades rurales (49.2%) comparada con las localidades urbanas (26%).
Finalmente, 66.4% de los niños camina para transportarse de ida o regreso de la
escuela. El tiempo aproximado promedio entre ambos trayectos,
independientemente del transporte, es de 27 minutos (Acosta-Hernández, M.A.,
Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Aunado
a lo anterior existen factores hereditarios, hormonales, metabólicos capacidad
o facilidad de acumular energía en forma de grasa tisular y menor facilidad
para liberarla en forma de calor, lo que se denomina como elevada eficiencia
energética del obeso. Se produce porque a largo plazo el gasto energético que
presenta el individuo es inferior que la energía que ingiere, es decir, existe
un balance energético positivo (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E.,
Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Las
enzimas producidas por el sistema gastrointestinal en respuesta a los estados de
vigilia y saciedad permiten entender que la obesidad no solo involucra los
factores adquiridos como el sedentarismo y la malnutrición, pues también se ve
reflejado en los mecanismos compensatorios endógenos, como es la síntesis y
señalización de las hormonas anorexígenas y la grelina, en su calidad de
orexígeno. Sin embargo, estas vías de señalización de la saciedad abren un
panorama amplio para el diseño de moléculas que pudieran actuar sobre los
receptores de dichas hormonas que permitan tratar a la obesidad de una manera
menos agresiva que con los tratamientos utilizados a la fecha (Gutiérrez, JP,
et al. 2012).
En
suma la influencia genética se asocia a condiciones externas como los hábitos
dietéticos y estilos de vida, en relación con la disponibilidad de alimentos,
la estructura sociológica y cultural que intervienen en el mecanismo de
regulación del gasto y almacenamiento de la energía que es lo que define la
estructura física (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales,
F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Tratamiento
La
terapia nutricional juega un papel importante en la prevención y el tratamiento
de la enfermedad. Es una terapia ciertamente compleja en la cual deben
intervenir pediatras, nutricionistas, dietistas, psicólogos, comunicadores
sociales y profesionales que trabajen para modificar los factores de
alimentación y estilos de vida u otros factores causales. Cabe mencionar que en
el tratamiento nutricional se deben satisfacer las necesidades de nutrientes
para garantizar el correcto crecimiento y desarrollo del niño, por lo cual no
se deben usar dietas restrictivas. Además de la dieta es necesario un plan de
ejercicios que permitan al niño la pérdida de grasa y mantener un adecuado
seguimiento médico (Acosta-Hernández, M.A.,
Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
A
nivel farmacológico, el rimonabant y la sibutramina fueron ampliamente
empleados en el tratamiento de la obesidad, sin embargo, han sido retirados del
mercado por sus efectos adversos. Actualmente el orlistat es el único
medicamento recomendado para el tratamiento a largo plazo. Si bien no es tan
eficaz para la reducción del peso corporal, es seguro en los eventos
cardiovasculares y sus efectos positivos en el control de la diabetes. Sin
embargo, el orlistat solo es utilizado en adolescentes mayores de 12 años,
debido a que en edades inferiores un régimen alimentario apropiado, así como un
una rutina de actividad física es considerada suficiente para prevenir o tratar
la obesidad infantil. Aunado a esto, se sabe que el orlistat produce efectos
adversos de tipo gastrointestinal como sudoración oleosa, aumento en la
defecación, defecación oleosa, heces blandas e incontinencia fecal. Dichos
efectos están directamente relacionados con el consumo de grasas en la dieta,
es decir, que a menor consumo de grasas en la dieta, la sintomatología
disminuirá considerablemente(Acosta-Hernández,
M.A., Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al
2013).
A
nivel conductual ha demostrado que los niños en edad preescolar son
influenciados principalmente por el medio ambiente y las experiencias, lo cual
se ve reflejado en los hábitos y sus preferencias alimentarias. Algunos
estudios sugieren la restricción moderada de los alimentos no sanos en lugar de
que el niño sea presionado para consumir ciertos alimentos, de igual manera se
puede recompensar las buenas acciones de los niños con alimentos saludables
incrementándose la ración, especialmente en las horas de comida, lo cual
favorecería la respuesta de los niños a una buena práctica en su alimentación (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E.,
Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
El poco tiempo
dedicado a actividades físicas moderadas o vigorosas y el excesivo tiempo de
actividades sedentarias sugiere una importante contribución de la inactividad
física al aumento de la prevalencia de obesidad y enfermedades crónicas
observado en México en los últimos años. Estos resultados también reflejan que
aunque una persona cumpla con las recomendaciones de actividad física, ello no
implica menor tiempo destinado a actividades sedentarias el resto del día,
aspecto que se ha relacionado con el desarrollo de enfermedades crónicas. Por
lo anterior es importante promover no sólo la práctica de actividad física moderada
y vigorosa, incluidas actividades deportivas, sino también la disminución de
actividades sedentarias (transporte inactivo, tiempo frente a una pantalla y
tiempo sentado). Para ello es importante considerar la creación de
recomendaciones nacionales para la reducción del tiempo de sedentarismo y
aumento de la actividad física moderada y vigorosa. Estas acciones podrían
contribuir a la prevención y el control de enfermedades crónicas en la niñez,
adolescencia y la edad adulta (Gutiérrez, JP, et al. 2012).
Se ha propuesto el
uso de los Exergames (videojuegos con un componente intrínseco de Actividad
Física como Nintendo Wii, Xbox 360, Eye Toy de PlayStation), o nuevas prácticas
desarrolladas en educación como la Gamificación, Flipped Classroom o
Aprendizaje Basado en Proyectos permiten durante el día académico, aumentar la
cantidad diaria de actividad física, así como a mejorar la socialización, o el
rendimiento cognitivo. Esta sería una fórmula ideal para luchar contra las
elevadas tasas de obesidad infantil y juvenil. El uso de las tecnologías de la
información y la comunicación (TIC) puesto que las ventajas que ofrecen son más
atractivas que las empleadas en una metodología más tradicional (López-
Serrano, S. 2008).
Cuando los métodos
tradicionales como la dieta y el ejercicio fallan, la siguiente opción es la
cirugía bariátrica, la cual se ha convertido en el método más empleado para el
tratamiento de la obesidad en adolescentes mayores de 12 años y adultos, cuyo
IMC es superior a 35 Kg/m2 dado que ha sido la única manera de
perder peso de forma permanente103-105. En pacientes menores de 12 años, de la
misma forma que en el tratamiento farmacológico, se sabe que un régimen
adecuado de alimentación y actividad física son suficientes para reducir de
manera considerable el IMC en condiciones de sobrepeso u obesidad. En pacientes
que se han sometido a este procedimiento, y que además son diabéticos tipo II,
alrededor del 87% han mostrado mejoría en la enfermedad, debido a que la
cirugía puede reducir el número de calorías absorbidas. Sin embargo, este
procedimiento posee algunas desventajas, los pacientes requieren supervisión
médica constante durante un periodo indeterminado además de estudios de
laboratorio en este tiempo, los médicos tratantes deben estar familiarizados
con los cuidados postoperatorios, porque podría derivar en una deficiencia de
nutrientes, además en algunas ocasiones es necesario la readmisión de los
pacientes corriendo el riesgo de realizar intervenciones secundarias (Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E.,
Ramos-Morales, F.R., García-Rodríguez, R.V., et.al 2013).
Prevención
Los estudios
recientes muestran que los niños adolescentes y los padres tienen conocimiento
de la relevancia del tema de la obesidad y sobrepeso sin embargo Mercado y
Vilchis (2013) en una muestra de 400 niños de entre tercero y sexto año de
primaria del Estado de México encontraron que niñas y niños no son afectos al
ejercicio. De forma general, las niñas son más sedentarias que los niños y
estas diferencias se incrementan con la edad. Respecto a la información que
reciben de la alimentación se observó que las mamás que trabajan son más
conscientes de la problemática que cruza la infancia y esto les motiva a
explicarles a sus hijos sobre la obesidad y sobrepeso. Los niños están rodeados
de alimentos con mayor cantidad de grasas y azúcares así como de información en
medios acerca de alimentos chatarra. Se encontró que aunque los niños saben las
consecuencias que provocan la obesidad y el sobrepeso, no se abstienen de
consumir los alimentos grasosos.
Datos de la
Secretaría de Salud del 2008 mostraron que el costo total de los gastos por
daños a la salud asociados con adiposidad excesiva fue de 42,000 millones de pesos,
equivalente al 13% del gasto en salud (0.3% del PIB), y se estima que para el
año 2017 el costo podría llegar a los 151 mil millones de pesos, situación que,
aunque pudiera ser sostenible económicamente, no está solucionando la
problemática y no previene la incidencia de la obesidad y las enfermedades
asociadas a ésta, las cuales son incurables, costosas y discapacitantes (Gutiérrez,
JP, et al. 2012).
Ojeda-Ruíz,
M. & Marin-Monroy, E. & Avilés, G. (2017) señalan que la Secretaría de
Salud (2010), en su análisis de la evidencia nacional e internacional arrojó 10
objetivos prioritarios para lograr un acuerdo efectivo en este campo:
1. Fomentar la
actividad física en la población dentro de los entornos escolar, laboral,
comunitario y recreativo; con la colaboración de los sectores público, privado
y social.
2. Aumentar la
disponibilidad, accesibilidad y consumo de agua simple potable.
3. Disminuir el
consumo de azúcar y grasas en bebidas.
4. Incrementar el
consumo diario de frutas y verduras, leguminosas, cereales de granos enteros y
fibra en la dieta; aumentando su disponibilidad, accesibilidad y promoviendo su
consumo.
5. Mejorar la
capacidad de toma de decisiones informadas de la población sobre una dieta
correcta, a través de un etiquetado útil, de fácil comprensión y del fomento
sobre alfabetismo en nutrición y salud.
6. Promover y
proteger la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad y favorecer
una alimentación complementaria adecuada a partir de los 6 meses de edad.
7. Bajar el consumo
de azúcares y otros edulcorantes calóricos añadidos en los alimentos, entre
otros; aumentando la disponibilidad y accesibilidad de alimentos reducidos o sin
edulcorantes calóricos añadidos.
8. Disminuir el
consumo diario de grasas saturadas en la dieta y reducir al mínimo las grasas
trans de origen industrial.
9. Orientar a la
población sobre el control de tamaños de porción recomendables en la preparación
casera de alimentos; poniendo accesibles y a su disposición alimentos
procesados que se lo permitan e incluyendo en restaurantes y expendios de
alimentos, raciones reducidas.
10. Disminuir el
consumo diario de sodio mediante su reducción en la cantidad adicionada y el
aumento de disponibilidad y accesibilidad de productos con bajo contenido de
este elemento.
Para
2013, se establece en nuestro país la Estrategia Nacional para la Prevención y
Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes, con cuatro premisas (Secretaría
de Salud, 2013): 1. La salud debe estar presente en todas las políticas
públicas. 2. El enfoque de atención debe basarse en determinantes sociales,
bajo un abordaje integral, que incluyan desde la promoción de la salud hasta la
atención médica. 3. Privilegia la suma de esfuerzos y alineación de acciones de
todos los sectores y actores. 4. La medición del impacto de las acciones y la rendición
de cuentas son elementos esenciales para su correcto funcionamiento (Ojeda-Ruíz, M. & Marin-Monroy, E. & Avilés, G.
2017).
La
institución responsable es la Secretaría de Salud y tiene a su cargo las
siguientes responsabilidades:
· Instrumentar un programa de alimentación y actividad física.
· Establecer un modelo clínico preventivo integral para el tratamiento de la obesidad y la diabetes.
· Crear y aplicar una regulación sanitaria de etiquetado y publicidad de alimentos y bebidas.
· Diseñar, desarrollar e implementar un sistema de monitoreo del comportamiento epidemiológico nacional del sobrepeso, obesidad y diabetes (Observatorio de Salud).
· Preparar los sistemas de vigilancia para diabetes mellitus tipo II, hipertensión, dislipidemias, sobrepeso y obesidad.
· Diseñar y operar mecanismos de difusión oportuna de información epidemiológica sobre el sobrepeso, la obesidad y la diabetes.
· Fomentar la lactancia materna exclusiva y una alimentación complementaria adecuada.
· Impulsar la capacitación y la educación continua de los profesionales de la salud de primer contacto.
· Detectar, oportunamente, poblaciones en riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles.
· Asegurar el abasto oportuno y completo de medicamentos e insumos.
· Apoyar a la Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Medicina y Nutrición en la modificación del plan de estudios de la carrera de medicina para que permita al médico general detectar y controlar la diabetes en el primer nivel de atención.
· Generar un diálogo permanente con expertos y líderes de opinión sobre el problema del sobrepeso, la obesidad y la diabetes, y la naturaleza integral de la Estrategia.
· Actualizar el Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de publicidad, con el fin de regular la divulgación de alimentos y bebidas dirigida a público infantil, apegado a las recomendaciones internacionales.
· Establecer un etiquetado frontal para alimentos y bebidas, en conjunto con la Secretaría de Economía
Tema
de investigación:
Sobrepeso y Obesidad
infantil en niños de edad escolar su relación con el estilo de vida en la
Ciudad de México.
Objetivo:
Determinar que variables
inciden en el aumento de peso en los niños de edad escolar de entre 6 y 12
años.
Justificación:
El sobrepeso y la obesidad
en los niños y niñas mexicanos es un problema de salud que coloca a nuestro
país como el primer lugar a nivel mundial respecto a esta problemática. El
impacto de esta enfermedad es de gran relevancia debido a su relación con la
aparición de enfermedades como la diabetes, hipertensión y cardiopatías, entre
otras. Conocer más sobre las variables que inciden nos permitirá implementar
programas de nutrición adecuados y con las pautas necesarias para mejorar el
estilo y calidad de vida de los menores en riesgo.
Objetivos
específicos:
1. Identificar
actividades asociadas con el sobrepeso y obesidad infantil (p.ej. sedentarismo,
tiempo frente a celular, televisión etc.). Actividades y sedentarismo.
2.
Determinar
que conductas alimenticias son precursoras del sobrepeso y obesidad en los
niños y niñas de la ciudad de México (inclusión de alimentación baja en
nutrientes y alta en azúcares y grasas). Ingesta nociva para la salud.
3.
Calidad
y cantidad de los alimentos saludables así como el acceso a éstos. Acceso a la
alimentación saludable.
4.
Conocimiento
o no del plato del bien comer así como las porciones que deben ingerir.
Educación en nutrición.
Referencias:
Acosta-Hernández, M.A., Gasca-Pérez, E., Ramos-Morales, F.R.,
García-Rodríguez, R.V., Et al (2013). Factores, causas y perspectivas de la
obesidad infantil en México. Revista de
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Consulta
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Ginebra : Organización Mundial de la Salud. Recuperado de: http://www.fao.org/3/a-ac911s.pdf
Gutiérrez,
JP, et al. (2012). Encuesta Nacional de
Salud y Nutrición 2012. Resultados Nacionales. Cuernavaca, México:
Instituto Nacional de Salud Pública. Recuperado de: de: https://ensanut.insp.mx/informes/ENSANUT2012ResultadosNacionales.pdf
López-Serrano, S.(2018). Nuevas
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servicio de la educación. INFAD Revista
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Mercado,
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49-57.Recuperado de: http://www.alternativas.me/attachments/article/32/5.%20La%20obesidad%20infantil%20en%20M%C3%A9xico.pdf
Ojeda-Ruíz, M. & Marin-Monroy, E. & Avilés, G.
(2017). Acciones estratégicas para
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Secretaria de salud. Recuperado de: https://www.researchgate.net/publication/323027145_SOBREPESO_Y_OBESIDAD_INFANTIL_PARA_PREVENIR_EL?_sg=iViLNNyzViSFG9oR1z4BISEdvt1XaFYy0ULwIRDwvqvJE_6WQZlTYeE79UCoGxRZYX8qRrDzffCh104
Servín
Rodas, M. (2013). Nutrición básica y
aplicada. 2nd ed. Ciudad de México: UNAM. Recuperado de: http://www.eneo.unam.mx/publicaciones/publicaciones/ENEO-UNAM-NutricionBasicayAplicada.pdf
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